
BiCi SiN MúSiCa
Octubre 23, 2007La BiCi se ha apoderado -según dicen los no ciclistas- de la ciudad de Barcelona. Lo que en principio debería resultar un alivio tanto moral como físico para los barcelonautas, se está convirtiendo en un tema espinoso.
Es obvia la necesidad de una regulación estricta de la circulación en la ciudad -olvidémonos de los accesos-, ya no solo por la salud física y ambiental de sus moradores y demás transeuntes, sinó por la del ecosistema éste que nos estamos cargando.
Pues resulta que sí, alguien ha creído oportuno regular el tráfico… de bicis!!!! Tanto es así, que ahora no sólo no puede un ciclista circular por las aceras si no son de más de 5 metros (vamos a contarlas!), sinó que tampoco puede circular por éstas, si las hubiere, dentro del perímetro de las llamadas Zona 30 (de estrepitoso fracaso reconocido públicamente por el Ajuntament), habiendo de hacerlo por la calzada. Esta mañana un amable agente de la Guardia Urbana así me lo ha advertido cuando salía de casa, mientras un automóbil pasaba a 50 km/h mínimo por la misma calle, un vehículo estaba estacionado en doble fila en la zona de contenedores y un escolar con su madre cruzaban una calle con el semáforo en rojo.
Entre otras muchas limitaciones discriminatorias para con el resto de vehículos, hay una que, no por ser la única que estimo coherente, ha dejado de entristecerme. La prohibición de escuchar música mientras uno pedalea. Hay que reconocer* que la medida no es únicamente necesaria, sinó saludable y beneficiosa. He redescubierto la ciudad por segunda vez: en bici… y sin música!. Y es curiosa la actitud de la mente frente a la ausencia de algo a lo que estaba acostumbrado, algo sensorial que necesita: ahora canto.
En otra ocasión puede que describa las situaciones, actitudes e impresiones que una provoca al ir berreando a voz en grito de buena mañana por las calles barcelonautas. Lo curioso del fenómeno, es que, como jamás antes había cantado “a capella”, la calidad de mis entonaciones no es que sea deficiente, sinó ausente. A lo que se le suma la no menos curiosa costumbre de ir cantando durante los 30 minutos de pedaleo urbanita la misma canción, y es que, a cada intromisión sufrida (véase semáforo en rojo, taxista impertinente o escolar despistado) una pierde el tono, y claro, hay que volver a empezar.
* audio, “No os caséis”, Astrud.